"Un lánguido bambú se inclina en la noche perfumada" ¿La placidez de vivir bajo el cielo asiático? No, Pau. Pau, la ciudad jardín, en palabras de Anne de Noailles.
Cien años más tarde, los bambúes siguen estando ahí, y las secuoyas de América, los cedros del Líbano, los ginkgos de China, y los cactus, las pitas, las chumberas de Méjico, y esos robles, esos tilos, esas hayas, esos abedules tan nuestros.
Y esas palmeras sobre fondo de cumbres nevadas, en el balcón del bulevar de los Pirineos, imagen sorprendente del microclima de Pau.




10° C de media en invierno, 24 °C en verano, un suelo profundo y fértil, un alto nivel de humedad, nada de viento …
Pau lo tiene todo para crecer como un jardín. Ya en el siglo XVI el parque del castillo y los bojs tallados de Antoine de Bourbon eran conocidos en toda Europa. Dignos herederos de su padre, y de su afición por los jardines, Enrique IV y su hermana Catalina de Navarra, mezclan las plantas locales, con especies traídas de España. En el siglo XIX llegan los Ingleses, que cubren su ciudad de veraneo predilecta con jardines suntuosos.



En la actualidad, Pau, que alcanzó en 1983 la categoría de "4 flores", es la ciudad europea con más metros cuadrados de césped por habitante. Desde el bosque alto del parque real a los jardines ornamentales del castillo, desde los limoneros del parque de la estación
a los cedros azules del parque Lawrence, desde el encantador jardín pirenaico del parque Beaumont a los tilos de la plaza Royale, desde los jardines a la italiana a las avenidas franqueadas por robles seculares, una ciudad jardín se ofrece a sus visitantes.