Reina del ocio, como fue "reina de los deportes" en la época en que los ingleses venían de veraneo, Pau combina ambos con mucho acierto.

 

 



 
Una vida no sería suficiente para probar todos los deportes que se practican en Pau, más de setenta. El golf, naturalmente, desde 1856, las carreras de caballos, tan británicas, el "ruby", como se dice aquí y su "Section paloise". Y el baloncesto con su equipo: el "Élan béarnais" varias veces campeón de Francia, rey en su Palacio de Deportes. El tenis, el fútbol, el béisbol, el atletismo, el tiro con arco y la capoeira. El ciclocross, el culturismo, el patinaje, el qi gong. Esgrima, la gimnasia, los bolos. El rafting, el piragüismo, el squash. Y tantos otros…



 
A continuación el cultivo del espíritu. Tres museos nacionales: el castillo de Enrique IV, el museo de Bellas Artes y su Degas, la casa Bernadotte, aquel simple soldado cuyos descendientes siguen reinando en Suecia. Un Zénith, palacio de conciertos, donde se puede disfrutar tanto de Sting como de Noir Désir, sin olvidar el teatro y la ópera. Los conciertos de música clásica en el palacio Beaumont y en el teatro St Louis. La orquesta de Pau-Pays de Béarn. Una gran actividad por parte de las asociaciones: teatro, cine, cultura occitana, multimedia… Se puede salir todas las noches en Pau.



 
Pau alberga un museo de la mermelada y cuenta con más de ciento cincuenta restaurantes: prueba de que asume su predilección por la buena mesa. A los manjares del Suroeste - confits, magrets, foies gras -, se añaden las delicias del Béarn: cordero lechal, quesos de oveja, palomas, truchas, salmones... Y el vino de Jurançon, con el que Enrique II de Albret humedeció, según cuenta la leyenda, los labios de su nieto, futuro rey de Francia y Navarra.